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ME LO PASO BIEN CON...

domingo, 11 de septiembre de 2016

Dando apoyo a #PapásBloguerosGetFit

#PapásBloguerosGetFit es una gran iniciativa.
¡Qué demonios! Es la mejor puñetera iniciativa  que he visto en muuucho tiempo. Y os parecerá una tontería, pero en mi mente, y viendo los testimonios de otros padres, parece claro que hay una correlación que implica causalidad entre que tu mujer se quede embarazada y tu cuerpo piense que debes solidarizarte con su abultado abdomen.
Yo, como muchos otros, engordé durante el embarazo. No es que tuviera un torso apolíneo ni mucho menos, pero puse kilos a lo bestia. Y la red está llena de “trucos” para que las mamas recuperen su figura tras el embarazo (la mayoría ridículos), así que… ¿por qué vamos a ser los padres menos?
Olvidaos de la cuestión sexista por favor. Estamos hablando de salud. Y estos padres merecen todo nuestro apoyo y respeto porque hace falta la fuerza de voluntad de un Jedi para perder peso de verdad.
Por ello voy a intentar poner mi granito de arena para que el largo y árido sendero que les espera se haga algo más corto. Voy a marcarles el camino con mi subjetiva experiencia de haber pasado ya por eso.
El cachorro tiene 19 meses, así que hace 24 yo pesaba unos 100 kilos aproximadamente. Mi mujer engordaba y yo me solidarizaba con ella con mucho gusto. Fue por aquellas fechas más o menos cuando empecé a tomar conciencia de verdad del problema que tenía. Y como todo en esta vida, ocurrió de la manera más tonta. Me encantan las camisetas, tengo mil millones de camisetas de todas las formas y colores, y ni me entraba  una de Assasin’s Creed ni la de Bob Esponja… las de Doctor Who justitas… y las de Star Wars también… Puse pie en pared, hasta ahí podíamos llegar.
Ahora es cuando los post suelen hablar de dietas milagros y tablas de ejercicios igual de milagrosas… pues este no. Yo la verdura por aquel entonces en el gazpacho y mucho es… y ahora exactamente igual. Pero donde antes me metía dos vasos de gazpacho migados con pan de postre, ahora me bebo uno. Y si le meto pan, con eso ya he almorzado. Antes cuando tocaba hamburguesas me metía para cenar dos entre pecho y espalda. Ahora sólo cae una con carne, queso y kétchup. Y la carne es de la carnicería del barrio, nada de McDonals. Cuando antes me bebía 4 refrescos al día, ahora me bebo uno muy de vez en cuando en alguna ocasión especial. El alcohol no existía antes en mi dieta, tampoco existe ahora. La carne de cerdo creo que ya ni recuerdo como sabe. Todo es pollo, pavo y si me apuras ternera. Etc, etc, etc.
Con este tipo de cosas, y sólo con este tipo de cosas, sin ningún tipo de ejercicio que no fuera la vida diaria, perdí entre los 10 y 15 kilos en un año aproximadamente. Mido 1,73 m. Hagan el cálculo de cómo cambió mi vida. Y no me refiero ya únicamente al peso, si no a los hábitos, que es lo que de verdad hace que pierdas peso. O cambias de hábitos dietéticos por convicción y sabiendo que es para siempre, o cualquier dieta, milagrosa o no, que empieces acabará teniendo fecha de caducidad y vuelta a las andadas obesogénicas.
Una vez que has pasado el límite de haber perdido 15 kilos es lógico que te quieras comer el mundo. Así que planeas el siguiente paso. Le eché pelotas al asunto y me metí con la verdura… es inútil. No es lo mío. Hará falta que entremos en guerra para que yo coma una ensalada. Pero en mi tierra la mayor parte del año hace buen tiempo, así que me puse a darle vueltas al parque de mi casa. Y ojo a la situación. 31 años. No soy un abuelo ni tengo patología que me lo impida. Yo de dar paseítos nada de nada. Yo iba a correr.
Y corrí.
No llegó a los 10 minutos la primera vez. Pero era una cuestión de amor propio. No había perdido tanto peso para quedarme ahí. Me dolieron las rodillas durante dos días. Pero volví a correr al tercero, y en poco tiempo ya me obligaba a correr al menos dos días en semana. Pronto fueron 3 días y tenía que darle al menos 3 vueltas enteras al parque. Había días épicos en los que estaba pletórico, y había días en los que casi que arrastraba los pies y las rodillas me mataban. Pero ya había conseguido la dinámica, ya no podía parar. A principios de este verano, corriendo ya una hora casi diaria, me hice BLW a mí mismo con la fruta. Yo antes comía fruta, que quede claro, pero muy por debajo de lo que debía comer. Ahora mismo tengo un cajón del frigorífico sólo para mi fruta y nos es raro el almuerzo o la cena en la que sólo como fruta. Esto unido a que hace tres semanas que voy al gimnasio que acaban de abrir a dos pasos de cebra de mi casa… pues viene a resumirse en que en año y medio más o menos he pasado de estar al borde de la obesidad mórbida a comer manzana para almorzar antes de ir al gimnasio a correr en cinta 20 minutos (a muy buen ritmo) cómo calentamiento antes de la hora y media de máquinas y mancuernas, y camino de llegar a la nada desdeñable cifra de 20 kilos perdidos.  
En la foto podéis ver unos pantalones que me quedaban muy muy justitos el año pasado y con los que ahora mi mujer me riñe si me los pongo porque dice que con el cinturón parezco una lechuga.
El camino es largo y duro Papas Blogueros, y tenéis que hacerlo solos y armados con una voluntad de hierro, pero no es utópico ni imposible.
Mi consejo: Abandonad hábitos poco a poco y veréis como el resto llega solo.
Si supero la etapa del gimnasio volveré a publicar sobre ello y quizás me atreva a enfrentarme a mi némesis la lechuga.
To be continued…

#PapásBloguerosGetFit    

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