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sábado, 25 de febrero de 2017

Paternidad por turnos

¿Alguna vez os habéis lamentado al iros a trabajar dejando a vuestros cachorros en la camita calentitos? Bien, pues os voy a contar una breve historia.
El lunes te levantas a las 07:00 de la mañana, dejas al cachorro en su cama dormido porque tu conyugue lo va a llevar a la guarde, y vuelves de trabajar a las 21:00 cuando él ya está dormido. Un día de trabajo, un día sin verlo. Te da lugar a una hora y pico de cena y charla matrimonial. Poco más porque te vas a la cama rendido que mañana toca madrugar otra vez.
El martes madrugas un poquito menos, pero a las 08:00 ya estás en planta. A las 09:00 el cachorro está en la guardería con su otra familia. ¿Tú? A tus labores, que una casa y una economía doméstica no se mantienen solas. A las 14:00 lo recoges, y tienes ganas de verlo, pero lo pones a ver un poco la tele para poder almorzar y charlar tranquilo puesto que el tiempo te apremia ya que necesitas dormir algo de siesta porque esta noche no vas a dormir. A las 18:00 como muy tarde estás más que despierto. Con un poco de suerte y si todos los elementos han acompañado, has dormido una hora. A las 19:00 te vas a trabajar, el martes se acabó para tu vida familiar. Tú mujer te dice algo así como “te veo en un rato”, pero para ti van a ser 14 horas sin ellos y en vela. A las 09:00 del miércoles llegas a casa.
El cachorro ya no está, y si ese día tienes suerte, te da tiempo a ducharte y desayunar acompañado. De ahí a la cama y a los brazos de Morfeo. Sobre las 13:00 te levantas algo desorientado. ¿Es de día? Si. En una hora sacas a los perros, te vistes dos veces ( porque te has desnudado en modo automático del sueño que tenías aunque tu cerebro sabe que tenías que volver a salir), y vas a por el cachorro que ya es tuyo por fin a las 14:00. Desde las 18:00 horas del día anterior no lo veías. Pero tienes que ser sincero contigo mismo, apenas has dormido tres horas y no estás en condiciones para bregar con un crío. Mal comes y te tiras en el sofá en un estado que ni es dormido ni despierto. Respondes a órdenes simples, poco más. A la hora de la merienda del crío piensas que es una buena idea comer algo para espabilarte. Y funciona, durante hora y algo por lo menos. El tiempo que estás con tu hijo, pero no estás. Te distraes con facilidad, estás cansado y torpe. Él se enfada, no entiende porque papá no está como siempre. No puedes con la rabieta. Se lo endosas a su madre para poder ir a ducharte. Sales de la ducha nuevo. Pero ya es tarde, hora de cenar y comenzar la rutina de dormir. Ella, que sabe que no estás para nada, te exime de tus obligaciones y te deja tranquilo en el sofá. Casi que es peor el remedio que la enfermedad, te vienes fácilmente abajo y te acuestas sólo una hora después que tu hijo de dos años. Se acabó el miércoles.
El jueves vuelves a madrugar, en la mañana tocan obligaciones domésticas. Y si nada pasa, por la tarde, esta vez sí, tienes tiempo para él. Y tras acostarlo, para ella.
Su **** madre… ya es viernes.
Vuelves a madrugar, vuelves a tus tareas, vuelves a recogerlo a las 14:00, vuelve a ser una tarde como la de ayer, sólo que esta tiene la peculiaridad de ver como constantemente la gente celebra que es viernes. No hay nada de excepcional para ti. Mañana trabajas, el cachorro no va a ver cambios en su rutina. A la cama no mucho después de él, que el sábado va a ser largo para ti.
Sábado, 07:00. A trabajar.
Sábado, 21:00. Vuelta a casa.
Si el cachorro ha tenido el día propicio, y nada ha pasado durante la semana para que su madre no se viera apurada precisamente el día que está sola con él, habrá podido jugar en casa o en el parque, visitar quizás a la familia o ir a ver a algún amiguito de la tribu de su madre. Ya te lo contará ella en la cena. Poco después a la cama. Se acabó el sábado.
Domingo. Madrugas. No tenías por qué hacerlo, pero llevas toda la semana haciéndolo. Es imposible no despertarse. Es difícil que no haya tareas domésticas que hacer, es difícil que puedas tener un típico domingo de no hacer nada e irte con la familia a donde sea. Pero hoy sencillamente es imposible. Porque es uno de esos días en los que tienes que dormir porque vas a pasar otra noche en vela trabajando. Así que todo se ve condicionado, el cachorro come antes, así tú puedes comer antes y tener más tiempo para dormir. Pero tampoco duermes mucho más, el cuerpo te lo impide. Aunque te quedas en la cama para descansar lo que se pueda ya que si ella está haciendo el esfuerzo de que él no haga mucho ruido por muchas ganas que tenga de jugar, lo mínimo que puedas hacer es intentar descansar.
Cuando escuchas otra vez eso de “te veo en un rato”, vuelves a pensar “si, cuando esté acabando el lunes”. 
Y vuelta a empezar...

2 comentarios :

  1. ¡Cómo te entiendo! Tanto mi marido como yo trabajamos a turnos, cada uno con una cadencia. Al final se ha tenido que coger él un turno fijo, porque no hay forma de atender al pequeño como debemos... Y hasta que le cambien, los abuelos se han cruzado media península para echarnos una mano. ¡Mucho ánimo!

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  2. ¡Qué jodienda!

    No sé en qué trabajarás pero tienes unos horarios de lo peor que he visto, además en un país en el que conciliar es una utopía.

    No puedo hacer nada más que enviarte fuerza para salir adelante. Quién sabe si en un futuro tendrás la oportunidad de tener más vida familiar, ojalá sea así.

    ¡Un abrazo!

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