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Sobre el Ronin

Sintetizando, el Ronin no era más que un samurái sin señor a quién servir. Y esa fue mi sensación al ir leyendo más y más blogs sobre paternidad. No encontraba un sitio donde encajar. Cómo si llevara años luchando en una guerra y de buenas a primeras el mundo acariciara una paz que para mí no era más que una farsa.  
Sí, había algún que otro resplandor en la oscuridad que me hacía pensar que quizás congeniara con tal o cual. Pero no. Al final siempre acababa comprobando que la empuñadura de la espada me iba a pesar demasiado a la hora de blandirla si no era por los intereses que yo consideraba correctos.
Así que aquí estoy. Vagando por la blogosfera con un crío a la espalda que duerme plácidamente mientras yo paso una y otra vez la piedra de amolar por el filo de mi espada.
No siento cátedra ni dicto dogma. Pero en el vastísimo mundo de la información en el que nuestra generación no deja de perderse una y otra vez, a mí me encanta mancharme las manos de sangre de vez en cuando.
Siéntate viajero. Descansa un rato conmigo junto al fuego y disponte a oír historias que, al menos, no te serán indiferentes.          

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